Masturbarte es tener un encuentro sexual contigo misma

   Entrevista por Gonzalo Del Rosario

11995553_1477207769247840_1670909734_nSandra Campó es autora y editora de Hoy tengo ganas de mí. 7 historias de masturbación femenina, libro que será presentado este sábado 12 de setiembre a las siete de la noche en la librería La Libre (Av. San Martín 144, Barranco), donde ya pueden conseguirlo.

“Pudor no tengo, porque mi madre siempre fue muy abierta para tratar temas de sexualidad. Esto es muy bacán porque te crían sin prejuicios o vergüenza, por lo tanto nunca me sentí culpable de nada”, de esto y mucho más leerá a continuación en la siguiente entrevista.

La advertencia que presenta este libro en el blog dice: “Este no es un libro motivacional, es un libro masturbacional”, ¿qué significa esto?

En realidad era un juego de palabras nada más. Cuando creé el evento, y buscaba formas de promocionar el libro, se me ocurrió jugar con las palabras “motivacional” y “masturbación”, que sonaban parecido, pero en realidad solo quería centrarme en lo último,  no hablar del cuerpo o la sexualidad femenina, nada más, sino que me centraría en una práctica específica como es la masturbación.

Estamos hablando de un tema que para la gran mayoría de mujeres, y un grupo amplio de hombres, es todavía tabú. Revisando unos programas de Marco Aurelio Denegri en Youtube, cita un libro titulado Entre el placer y la obligación, que habla sobre los derechos reproductivos y sexuales de varones y mujeres de Huamanga y Lima[1], y de la página 56 leyó lo siguiente: “Prefiero ser mujeriego antes que ser un pajero” y “No quiero que me digan colchón de La Parada: pura paja“, entonces si la tendencia, por lo menos para hombres, es que esto sea un insulto o una burla, ¿has considerado el tipo de recepción que pueda tener este libro en las mujeres?

Cuando leo estos testimonios veo que entre los hombres la masturbación es considerada una práctica sexual inferior: “Te pajeas porque no tienes una mujer con quien hacerlo” (en el caso de las prácticas heterosexuales), pero yo pienso que en las mujeres es peor el tabú porque simplemente no existe o no lo hablan, al menos desde la experiencia con mis amigas, la mayoría de chicas no suelen ni mencionarlo; hablan sí del sexo practicado con otra persona con lujo de detalles y muy abiertamente, pero no hablan del sexo que tienen con ellas mismas.

12008538_1477327115902572_1728529782_oSin embargo, el libro ha sido comprado mucho más por mujeres (por hombres en menor cantidad), y creo que por dos motivos: primero porque les da curiosidad ya que no lo han practicado. Ellas mismas me lo dicen: “Yo nunca, nunca me he masturbado y quiero saber cómo es”; y otra es por chicas que sí lo han hecho y que por primera vez encuentran un libro que no lo habla desde el morbo o el prejuicio, desde la vergüenza, sino más bien desde la alegría, la celebración de decir: “Yo me masturbo y me gusta hacerlo porque me beneficia emocionalmente”.


Claro esto es para una persona que se ha informado y comprende, pero para un gran porcentaje de la población peruana (por no ir más lejos) será muy difícil pretender si quiera exponer este tipo de ideas sin que aparezca una fuerte oposición, la misma que está plagada de mitos como que es dañina y te salen pelos, o irás al purgatorio, y que data desde hace más de tres siglos con la publicación de Onanía o el horrendo pecado de la autopolución y todas sus terribles consecuencias (1717), por el cual, según Denegri, la gente no dejó de masturbarse, pero lo hizo con culpa y en secreto. ¿Cómo así te llegaron a contar estas experiencias privadas?

En algunos casos solo lo han contado para este libro, en otros lo saben sus mejores amigas, o comparten la masturbación en pareja, y eso es lo interesante, porque hay diversidad. He encontrado tanto puntos de coincidencia como de divergencia, por ejemplo, hay chicas que dicen que solo se masturban viendo porno, y otras que no les pone; en cuanto a las coincidencias, todas comenzaron masturbándose de niñas, desde muy pequeñas, y lo practicaron sin saber lo que era, solo como algo placentero que iban experimentando con su cuerpo (entre los siete y los once), también hay historias que cuentan contactos homoeróticos con otras niñas o niños de su edad, donde se rosan y excitan mutuamente.

Pero todo esto que te han contado no deja de ser un secreto muy íntimo y uno suele esconder lo que le avergüenza, quizá por eso en el libro aparecen los testimonios firmados por un seudónimo, ¿no sería más liberador si dijeran su nombre real?   

Yo quería que fueran testimonios literarios, nunca me propuse nada antropológico. Si bien son testimonios reales, quise darles un tratamiento para que se sintiera como si ellas mismas te estuvieran revelando cómo lo hacen. El tema de los nombres fue más que nada mi decisión porque algunas querían poner su nombre completo y otras no, entonces para que fuera uniforme, decidí que cada una eligiera un nombre. No me parece que el colocar un seudónimo contribuya al ocultismo porque muchas están dispuestas a decir: “sí, yo soy la del testimonio”, pero otras no, así que es respetar la privacidad y, de repente, también protegerlas.

¿Protegerlas? ¿De qué o de quiénes?

Protegerlas de alguna situación de acoso. Desde que he publicado el libro han enviado mensajes a la página con insultos tipo “feminista hija de puta”, obviamente que ninguna de esas palabras me resultan ofensivas, y opto por bloquearlos, pero más allá del insulto, también aparece la cuestión de la propuesta sexual. Recibo fotos y correos de hombres que me dan sus teléfonos porque piensan que como he publicado un libro sobre masturbación debo estar con muchas ganas de tirar. Esto es completamente opuesto, han captado la idea a la inversa, porque tienen una lectura muy machista del libro. Me recuerda a la gente que afirma que las lesbianas “son así porque aún no han conocido un hombre que las haya hecho gozar”, y no pueden entender que lo hayan hecho por decisión propia. He allí lo interesante de este libro: ellas cuentan sus prácticas masturbatorias a solas, por encima de las que pueden tener en pareja, porque a mí sus prácticas masturbatorias en pareja no me interesan tanto.

Me interesa la práctica de la masturbación a solas porque pienso que masturbarse es tener un encuentro sexual contigo misma, que puede ser una experiencia muy satisfactoria, muy diferente (no creo que mejor o peor) a tener relaciones sexuales.

12005959_1477327032569247_146915026_oSi bien la masturbación como un autoconocimiento o exploración del placer es por lo general un descubrimiento solitario, una comunicación consigo mismo, también me atrevo a decir que en la intimidad de las parejas sí debe ser una práctica común (tanto para heterosexuales como homosexuales), pese a los tabúes que todavía sigue encerrando este tema.

Este libro nació gracias a un post que hice en el 2013 donde hablaba de mi redescubrimiento de la masturbación, una práctica regular en mi adolescencia o los años previos a mantener relaciones sexuales. Por eso cuando inicié mi vida sexual compartida dejé la masturbación de lado por todas las experiencias que tuve entre los veinte y los treinta años.

Esa es mi historia personal, como tú dices deben haber muchas parejas que lo practican, en mi caso no fue así, fueron más relaciones compartidas que los juegos. Entonces cuando redescubro la masturbación fue totalmente diferente a la experiencia de cuando tenía trece o catorce años, porque ahora sabía lo que era tener relaciones sexuales, y por lo tanto era una cosa distinta.

Digamos que fue una práctica perfeccionada con la experiencia y porque comenzaba a asumirla, no como en la adolescencia, pensando en que “esto lo hago porque todavía no tengo con quien tirar”, sino que se convirtió en una experiencia que iba más allá del placer (que ya es suficiente motivo para masturbarse), y es así cuando comienzo a descubrir todo lo referido al autoconocimiento corporal, la autoestima y la autonomía sexual.

¿A qué te refieres exactamente con autonomía sexual?

A que cada vez que quieras sentir un orgasmo, sentir placer, está en tus manos, y a veces ni siquiera está en tus manos: está en tu mente, porque hay mujeres que se masturban solo pensando, o con una almohada entre las piernas, también hay una práctica muy común que es hacerlo en el borde de muebles, sillones y sillas; es más, publiqué hace poco un video donde en cuestión de minutos pasaban como quince formas de masturbarte, hasta cruzando las piernas, porque el clítoris es un órgano tan sensible, y la mente es tan poderosa (nuestro órgano sexual más importante es el cerebro). Aunque mi testimonio personal pueda no coincidir con el de las entrevistadas quería comprobar estas tres cuestiones de autonomía sexual, el autoconocimiento corporal y la autoestima.

Además, en cuanto a la autonomía sexual, y esto lo menciona una de las chicas, cuando tú sabes darte placer a ti misma, es más probable que elijas mejor a tus compañeros sexuales porque no quieres a alguien que llene tus deseos, ya que sabes hacerlo por ti misma, sino que buscas algo más allá, o de repente otro tipo de amantes, dispuestos a satisfacerte de otras formas.

En un país de pensamiento tan retrógrado y machista como el nuestro, donde todavía se exigen y se niegan derechos civiles fundamentales como la unión civil de parejas homosexuales o el aborto terapéutico, o que los representantes del poder, llámese el plagiario Cipriani que afirmó “los derechos humanos son una cojudez”, o aquel congresista que declaró que si una mujer violada no lubrica no puede quedar embarazada, ¿para qué publicar un libro como este? ¿Acaso quieres ganarte enemigos?

11993153_1477326982569252_1484643368_oLo que pasa es que a pesar del “progreso”, digamos entre comillas, que puede haber habido en nuestro país, este está marcado por una mirada masculina y patriarcal, y el cuerpo de la mujer ha sido ignorado o relacionado al placer que le puede dar al otro. Sobre todo desde la visión heterosexual-patriarcal se dice: “tú cuerpo está para darme placer”. Entonces la masturbación siempre ha sido asociada para darle placer al otro, al hombre, como sucede en algunas películas porno donde se ve a la mujer masturbándose pero para el entretenimiento masculino, y nunca se ha asociado la masturbación a la visión del placer desde quien lo practica, y qué curioso que la mujer tenga un órgano diseñado solo para darle placer y que sea el gran ignorado.

Me recuerda a Mateo Colón el personaje de “El anatomista” de Federico Andahazi, que descubre el clítoris…    

El clítoris es el gran ignorado, y se sigue considerando al coito como el acto central del sexo.

Finalmente, ¿qué es lo que esperas con la publicación de este libro?

El confirmar mi hipótesis: que la masturbación promueve la autonomía sexual, el autoconocimiento corporal y la autoestima, y estoy convencida que por ello es una práctica que promueve el empoderamiento de las mujeres. Así tienes todos los orgasmos que quieras, cuando quieras y como tú quieras, sin necesidad de nadie. Además, incrementa el autoestima, al sentirte bien contigo misma, y te da un mayor conocimiento corporal. Esos tres factores te brindan un empoderamiento, entendido este empoderamiento como el conocimiento para ganar confianza en ti misma y saber de las cosas que puedes hacer en el plano sexual.

Espero que esta experiencia de alguna manera se replique con las lectoras también, porque así este libro llevará a chicas que nunca lo han hecho, a experimentarlo, lo que para mí sería ideal.

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[1] Nancy Palomino, Miguel Ramos, Evaristo Vásquez y Rocío Valverde. Universidad Nacional Cayetano Heredia, Facultad de Salud Pública y Administración Carlos Vidal Layseca, 2003 – 271 páginas.

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